Arranca el I Congreso “Visiones de lo fantástico”

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¡Empieza el I Congreso Internacional Visiones de lo Fantástico en la Literatura Española y Pequod es la orgullosa librería oficial! Desde el lunes 19 al miércoles 21 estaremos en el auditorio de la Universitat Autònoma de Barcelona con una selección de publicaciones de los ponentes de este congreso sobre narrativa fantástica. Y el martes por la noche, además, participamos en una lectura de cuentos en el precioso Café Salambó de la Vila… 🙂 ¡Te esperamos! 

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En Halloween, ¡rodarán cabezas!

En Halloween, ¡rodarán cabezas!

La noche del 31 de octubre, ven a Pequod a escuchar (y si quieres, a leer) “La leyenda de Sleepy Hollow”, de Washington Irving. Heads will roll!

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Libros antiguos a tutiplén en el Passeig de Gràcia

Una vez más y hasta el 7 de octubre, la «milla de oro» de Barcelona, una de las avenidas más bonitas de la ciudad y también la que acoge las tiendas más pijas, caras y obscenas, se convierte por unos días en una inmensa librería de viejo donde perderás la noción del tiempo enredando en los puestos de nuestros colegas del Gremi de Llibreters de Vell. Aunque nosotros no estamos allí, la Fira del Llibre d’Ocasió Antic i Modern es una de las citas anuales preferidas en esta casa; en ella hemos encontrado a lo largo de los años algunas de las joyas más queridas de nuestra biblioteca personal.

Si te sobra un rato por la mañana, a mediodía o al caer la tarde, deja que tus pasos te lleven hasta el Passeig de Gracia y te garantizamos un estupendo viaje en el tiempo. Encontrarás de todo: desde saldos para amenizar tus viajes en metro hasta ediciones príncipe más caras que el recibo del alquiler o la hipoteca. Pero no hace falta que compres nada; hay libros allí que basta con tenerlos un rato en las manos para sentirse mejor.

Si visitas el puesto de nuestro buen amigo Manuel del Pino (el n.º 61), hazle llegar un fuerte abrazo «de los ciudadanos Consu y Pere». También puedes entrar en Jaime’s, una de las pocas librerías que quedan en Barcelona (La Librería Francesa, Look… hay tantas que por desgracia ya no son) donde este humilde y, ay de mí, maduro servidor pasó horas y horas de adolescente tratando de decidir cuál sería el elegido para gastar las quinientas pelas que llevaba en el bolsillo.

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Una reflexión sobre el libro electrónico

Uno de los primeros libros que leímos en Pequod antes de abrir fue Rebel Bookseller de Andrew Laties, veterano agitador cultural estadounidense que ha visto y vivido de todo en sus muchos años de experiencia, y que escribió esta especie de cuaderno de campo del librero independiente. Puesto que tanto las grandes corporaciones como la natural afición de la humanidad por las profecías apocalípticas nos han abocado al debate «libro-electrónico-contra-libro-en-papel», hemos decidido compartir este extracto del prólogo de su libro, donde Edward Morrow reflexiona sobre el asunto. Es un poco largo, pero vale la pena. ¡Esperamos vuestras opiniones!

«(…) El libro electrónico ofrece grandes mejoras de acceso y portabilidad, pero tiene también grandes inconvenientes. Por ejemplo, no se puede usar un ebook para calzar una puerta ni se le puede arrojar a la cabeza a nadie*. Uno no puede tenerlo expuesto en su biblioteca particular junto a otros libros, ordenados por temas o vinculados por algún significado especial. Ni siquiera se puede comprar, a pesar de que la nomenclatura al uso nos haga creer que sí. No se puede ser propietario de un ebook. Se puede abonar una licencia para acceder a contenido digital y leerlo, pero eso es todo. Y es una licencia que puede revocarse, como demostró Amazon cuando “recuperó” por vía electrónica el 1984 de Orwell que sus clientes creían haber adquirido. En el mundo digital, la ley ya no favorece al poseedor: tener es no tener, y poseer no significa que uno posea. Lo que sí se tiene es una pérdida de intimidad; al leer en un Kindle, el gran hermano mira por encima de tu hombro. Amazon realiza un seguimiento de lo que se lee, y quién sabe si de más cosas. Incluso genera informes de los pasajes más resaltados de un libro.

  Con el tiempo y el uso, transmisiones, cortes eléctricos y misteriosos fallos, los datos se pierden o se estropean; los ebooks tienen sus propios bichitos, duendes y lepismas. ¿Qué pasa si el proveedor de ebooks cierra, o si arde su centro de datos, o si sufre un sabotaje o un ataque cibernético? ¿Qué pasa si se compra nuevo hardware y, por cualquier motivo (falta una app, el diseño es malo, falla el software) ya no se puede acceder a la biblioteca de ebooks? ¿Qué pasa cuando pasa lo impensado?

  La blogosfera hierve con especulaciones sobre la naturaleza y el alcance de una eventual sustitución del libro en papel por el electrónico y registra cientos de motivos distintos, y a menudo apasionadas declaraciones, sobre por qué el libro es irreemplazable y seguirá existiendo. Se compara, por ejemplo, la compra de un ebook con la de una entrada de cine: un acto único. El libro, por su parte, se equipara a un DVD, adquirido por el deseo de poseer la obra para verla y disfrutarla repetidas veces, según apetezca.

  Lo que el libro es, hace y representa, y su interacción con la naturaleza humana, es lo que nos conforta con respecto a su futuro. En resumen, es real. Se puede sostener y, citando a Garrison Keillor, “el lomo descansa con suavidad en la mano”. Ofrece acceso a contenido intelectual (también los ebooks) y admite notas al margen, múltiples marcas de página, se deja doblar las esquinas. Aguardará paciente en una balda, proyectando una reconfortante sensación de permanencia, con aspecto hermoso o digno, a la espera de consulta o referencia cuando sean precisas. Se puede compartir, prestar o regalar. Junto a sus hermanas y hermanos, habla de los intereses de su dueño y de su amplitud y alteraciones en el tiempo. Los libros hacen compañía, son recordatorios de periodos vitales, sucesos, desarrollo intelectual, momentos compartidos, epifanías. Decoran el hogar. Muchos mantienen conexiones umbilicales con sus dueños de por vida.

  El libro es un signo cultural que llega a los sentimientos humanos más profundos y que con frecuencia alcanza cotas místicas. Los libros son tan importantes e influyentes que se prohíben, se censuran y se queman como brujas en la hoguera. Son sujetos orgánicos, vulnerables al daño y el deterioro, y aun así asombrosamente duraderos. El libro se ha vuelto omnipresente en la vida diaria; es un accesorio doméstico tan importante como un cuadro o una lámpara. Libros y estantes con libros aparecen en el catálogo de cualquier diseñador de interiores, e incluso existe un género bautizado por su emplazamiento: el libro de mesa o coffee table book. El hecho es que nuestro concepto del libro, algo amorfo, está asentado con tal firmeza que va más allá de la suma de sus partes. Garrisson Keillor lo expresó como nadie en su We Are Still Married: Stories & Letters (1989):

“Lento en salir del huevo, resistente como una tortuga, liviano y elegante como corresponde a un descendiente del árbol. Cerrado, el objet d’book parece una tabla. Abierto, sus alas pálidas acarician la punta de los dedos, el aroma de tinta fresca y pasta de papel estimula el olfato, el lomo descansa con suavidad en la mano. Un objeto hermoso y útil, adquirido desde la pasión por la verdad… Muchos años antes del altavoz y la cámara llegó esta cosa adorable, este jardín portátil que sobrevive a televisión, ordenadores, censura, malas escuelas y autores espantosos.”

  Las necrológicas sobre el libro nacen de la convicción de que el ritmo acelerado de venta de ebooks y lectores electrónicos continuará hasta que casi todo el mundo lea en este formato y el mercado editorial ya no deje margen para la supervivencia de las librerías físicas. En mi opinión, sin embargo, la historia de la innovación nos enseña una lección distinta. El rollo y el códice coexistieron durante siglos, del mismo modo que lo hicieron los manuscritos y los libros impresos. La televisión no acabó con la radio ni el cine; conviven sin problemas. Las salas de cine siguen adelante junto a Internet y a los DVD. El vídeo no mató a la televisión. El velcro no acabó con las cremalleras, ni estas con los botones. La avalancha de tejidos sintéticos “milagrosos” no ha reducido la demanda de lana y algodón. Abundan ejemplos como estos. Estoy convencido de que existe un mercado saludable para ambos más allá de cualquier predicción razonable de futuro, durante tanto tiempo como sigamos utilizando la rueda.»

Por Edward Morrow, cofundador de Northshire Bookstore, en su prólogo a Rebel Bookseller: Why Indie Bookstores Represent Everything You Want to Fight for from Free Speech to Buying Local to Building Communities, de Andy Laties (ed. 7 Stories Press, NY, 2011).

*Hay que aclarar aquí que en la traducción (o mejor, en la no traducción; hemos optado por ebook anteponiendo practicidad a purismo) se pierde un matiz: el inglés distingue entre e–reader para el aparato y e–book para la obra publicada. Obviamente, el primero sí puede utilizarse para todo eso. Para la puerta quizá no, pero como arma arrojadiza es seguro que funciona.
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Club de lectura: Maestros italianos

Desde octubre hasta mayo, lo tendremos en Pequod de la mano de Anna María Iglesia y Literatura Italiana.
Cada mes se leerá un libro de algún clásico italiano. Las fechas que damos son las de comienzo cada mes.

Anna Maria Iglesia (1986) es licenciada por la Universidad de Barcelona en filología italiana y en Teoría de la literatura y literatura comparada; Máster en Teoría de la literatura y literatura comparada también por la Universidad de Barcelona y a la expectativa de iniciar el doctorado. Es colaboradora habitaual de Panfleto Calidoscopio, Revista de Letras y Núvol. También ha publicado breves ensayos en la Revista Forma de la UPF y en Barcelona Review, y reseñas en 452f.

Precio del taller:

30 € cada mes, con libro incluido
200 € si decides hacer los ocho y pagar por adelantado (sale a 25€ cada uno)

Horario: de 19.00 a 20.30

PARA INSCRIBIRSE MANDAR E-mail CON ASUNTO “CLUB ITALIANO” A:

info@pequodllibres.com

ianna_maria@hotmail.com

Si alguno de los que os apuntáis preferís leer alguno de los libros en italiano, escribidnos a info@pequodllibres.com y os daremos otra opción.

El plazo para inscribirse al Club del mes de octubre se cerrará el 12 de octubre. Cuanto antes lo hagáis mejor, porque las plazas son muy limitadas.

Auguri e buona lettura!

Traducciones en castellano
La conciencia de Zeno. Italo Svevo, ed. Debolsillo, 2009.
Traducción de Carlos Manzano de Frutos
16 OCTUBRE 2012 (prorrogado el comienzo para cerrar el grupo)

El difunto Matías Pascal. Luigi Pirandello, ed. Alianza, 1972.
Traducción de Rafael Cansinos Assens
13 NOVIEMBRE 2012

Léxico familiar. Natalia Ginzburg, ed. Lumen, 2007.
Traducción de Mercedes Corral
11 DICIEMBRE 2012

Los indiferentes. Alberto Moravia, ed. Debolsillo, 2005.
Traducción de R. Coll Robert
15 ENERO 2013

Si una noche de invierno un viajero. Italo Calvino, ed. Siruela, 1999.
Traducción de Esther Benítez
12 FEBRERO 2013

Puertas Abiertas. Leonardo Sciascia, ed. Tusquets, 2004.
Traducción de Ricardo Pochtar
12 MARZO 2013

Verde agua. Marisa Madieri, ed. Minúscula, 2000.
Traducción de Valeria Bergalli
9 ABRIL 2013

Réquiem. Antonio Tabucchi, ed. Anagrama, 1997.
Traducción de Carlos Gumpert y Xavier González Rovira
14 MAYO 2013

Traduccions en català:

La consciència de Zeno. Italo Svevo, ed. Labutxaca, 2011.
Traducció de Carme Arenas

Si una nit d’hivern un viatger. Italo Calvino, ed. Labutxaca, 2010.
Traducció de Montserrat Puig i Munt

Portes obertes. Leonardo Sciascia, ed. Edicions 62, 2004.
Traducció d’Assumpta Camps

Verd aigua. Marisa Madieri, ed. Minúscula, 2010.
Traducció de Marta Hernández Pibernat

Rèquiem. Antonio Tabucchi, ed. Edicions 62, 2001.
Traducció de Núria Prats

www.pequodllibres.com
info@pequodllibres.com
Tel. 93 518 33 84

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Nuestras lecturas de verano

¡Aquí va una selección de nuestras lecturas recomendadas para el calor! Algunos libros (los que tienen un enlace) puedes encontrarlos directamente en nuestra tienda online, otros los tenemos en la tienda, y el resto seguro que las encuentras en cualquier librería decente. Y si no es así, ¡escríbenos y te los buscaremos!

¡Buena lectura y mejor verano!

1. Trilogía de Corfú – Gerald Durrell

2. Memorias de África – Isak Dinesen

3. Música para camaleones – Truman Capote

4. La luna y las hogueras – Cesare Pavese

5. El gran Gatsby – F. S. Fitzgerald

6. De ratones y hombres – John Steinbeck

8. Lolita – Vladimir Nabokov

9. El peso de la mariposa / El pes de la papallona– Erri de Luca

10. Hobo – Juan Vico

11. El duelo y la fiesta – Jenn Díaz

12. Memorias de Adriano – Marguerite Yourcenar

13. Demasiada felicidad – Alice Munro

14. Muchos matrimonios – Sherwood Anderson

15. Las aventuras de Sherlock Holmes – A. C. Doyle

16. Mi planta de naranja lima – José Mauro de Vasconcelos

17. JOP / FUT – Jim Dodge

18. La señora Dalloway – Virginia Woolf

19. La isla del tesoro – R. L. Stevenson

20. El bosque animado – Wenceslao Fernández Florez

21. Un tal Lucas – Julio Cortázar

22. El claro del bosque – Marisa Madieri

23. Paseos con mi madre – Javier Pérez Andujar

24. Kitchen – Banana Yoshimoto

25. Matar un ruiseñor – Harper Lee

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Banda ancha

Una reflexión de P. Fernández

Las empresas de telefonía móvil nos envían a través de sus servicios de atención al cliente un mensaje claro: la humanidad ha alcanzado el punto de no retorno y galopa desbocada hacia el abismo. El aviso es, al principio, cortés y aséptico. Al otro lado del mundo una voz dice, como Vlad dijera a Mina, “he atravesado océanos de código binario, porque estoy en Venezuela, para preguntarle su nombre con el fin de dirigirme a usted”. El incauto, que no abriga sospechas, lo da. ¡Ah! Todavía no lo sabe, pero ha hecho saltar el séptimo sello. Hace una pregunta y recibe una respuesta que no sirve, de modo que reformula la pregunta, de hecho lo hace varias veces, y recibe, palabra por palabra, la misma respuesta. A los treinta minutos de este día de la marmota en miniatura busca la cámara oculta, trata de comprender la broma cósmica, transpira, se aturde y formula aún una pregunta más. La respuesta, sílaba tras agónica sílaba, es la misma. No hay salida del bucle: ahora es usted un ratón blanco corriendo en el centro de la noria. No se enfade con ellos. ¡No puede! Sería tan estúpido como enfadarse con una tormenta de arena donde los granos viajan todos en una dirección más o menos determinada, sí, pero sin propósito común ni aprehensible. Gente sin respuestas atiende consultas que no comprende, solicitan uno tras otro el DNI, el número de línea del titular y su nombre por favor con el fin de dirigirme a usted, información que a partir de ahí girará con la alegría demente de una pelota en un corro de niños tontos, cada uno endosándosela al siguiente por no saber qué hacer con ella. ¿Y por qué había de ser de otro modo? Los enviados al frente de la atención telefónica son un mero instrumento al servicio de designios más altos. En un curso de formación de cuatro horas se les habló de la filosofía corporativa, el bien común corporativo, el tono corporativo, la importancia corporativa del cliente corporativo, y se les amenazó, al mínimo signo que mostrasen de inteligencia o iniciativa, con el despido fulminante de una corporación de la que no saben nada y donde su único cometido es repetir una retahíla de fórmulas precocinadas con la machaconería de un martillo neumático hasta conseguir que el desquiciado interlocutor cuelgue, o se cuelgue, o muera envenenado en su propia amargura. No descargue su ira sobre esa imagen en espejo que le atiende al otro lado del auricular; recuerde que se le está poniendo a prueba. Evite alimentar las filas de los resentidos y los groseros, ¡sea uno de los justos! A lo sumo recurra, perdida la gran guerra, al consuelo de la pequeña victoria y cuando le pregunten por enésima vez su nombre con el fin de dirigirme a usted, responda “Pimpón” para resarcirse obligando a un adulto a decir “tenga la amabilidad de esperar un momento, don Pimpón”. No vaya más allá, pues se acerca la hora de responder de nuestros actos.

Porque así está escrito que Vodafone, Orange, Movistar y Ono encarnan la revelación de Juan, son los cuatro heraldos del fin de los días y muy pronto, quién sabe si mañana mismo, sonarán los Siete Politonos y todos habremos de acudir a rendir cuentas. El Día del Juicio nos hallará mirando al cielo, sobrecogidos y babeantes, esperando hasta que nos llegue el turno de comparecer y una voz tronante, primordial y aléfica, llegada del origen de los tiempos y anunciadora de su fin, una voz que es alfa y omega, una voz terrible, digo, nos pregunte nuestro nombre por favor con el fin de dirigirme a usted.

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